Esculturas cosidas
El artista malageño fagocita el horror a la guerra para convertirlo en pinturas y esculturas que muestra ahora por primera vez
A Francisco Peinado le estorban etiquetas, definiciones, materiales nobles y hasta los géneros. Lo único que busca es la emoción. Este artista inclasificable, que nació en Málaga en 1941 y se formó en los colores y la realidad de Sao Paulo (Brasil), es como un camaleón en continuo proceso de cambio. Consolidado como pintor y traspasada la barrera de los 60 años, Peinado ha sumado a su universo creativo una nueva técnica: esculturas cosidas. El artista, que entre los 14 y los 18 años ayudaba a su padre en la sastrería que la familia tenía en Sao Paulo, se ha puesto a coser. El resultado son las siete esculturas que pueden verse en la muestra Imagen en guerra, en las que los trapos se convierten en un material “tan noble como cualquier otro”, asegura el artista.
“Para mi coser es algo normal, a lo que estoy acostumbrado; aunque antes nunca lo había incorporado a mi trabajo”, confiesa el artista, que reside y trabaja en Alhaurín de la Torre (Málaga) desde 1979. Cabeza de mortero, El presidente y Maternidad son algunas de las esculturas, todas realizadas en los dos últimos años a partir de trapos y cualquiera de los objetos que ha ido atesorando en su estudio.
Al expresionismo inicial de pintura, el artista ha ido sumando, a lo largo de la última década, primero materia y después objetos para llegar a obras como La camisa del tiempo. Esta pieza, la de mayor formato de la treintena de pinturas que integran la muestra, es un gran tríptico (200×450 cm.) en el que el elemento principal es una camisa del artista. El tema de la ropa adosada al lienzo se repite en otras obras como Hijos de bolsillo, una tierna y cruel historia que retrata a un niño (un muñeco de trapo) metido en un bolsillo de una de sus chaquetas.
La exposición muestra por primera vez al público pinturas y esculturas e incluye una instalación realizada a partir de siete ataúdes de madera, en la que sus inquilinos aparecen retratados en las tapas, que son de finales de los noventa. Una vez más, Peinado pone en práctica una de sus máximas: “El arte no consiste en grandes gestos, también se hace con cosas muy pequeñítas”. (Margot Molina para El País)
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