Bienaventurados los pobres…
Cuando Dios aún vivía en la mente de los hombres, era fácil estar abajo. La promesa de una vida eterna mantenía la mansedumbre del rebaño. Desde el poder se insistía en la validez de una vida llena de penuria puesto que cuanto peor fuera nuestra existencia, cuanto más en silencio cargáramos con nuestras miserias, mayor sería la recompensa en el más allá. El designio divino colocaba a cada uno en su lugar. El gobernante lo era por la gracia de Dios y el pobre era un bienaventurado al que no le quedaba otro remedio que esperar a heredar la Tierra.
Pero un día Dios murió y con Él la promesa de la vida eterna. Lo único seguro eran los años vividos en el Tierra. La pobreza dejó de ser una garantía de recompensa. El sufrimiento dejó de agradar al Altísimo.
Mientras tanto, crecía una sociedad que se basaba fundamentalmente en las necesidades insatisfechas de una multitud de desheredados frente a un pequeño grupo de satisfechos. Millones de productores de lo que no podían consumir y unos pocos consumidores de lo que no producían.
Ante tal situación se hacía necesario estimular a las clases mas desfavorecidas. Ya que nadie creía en las bondades del mas allá era necesario ofrecer el paraíso aquí y ahora. Las capas sociales se hicieron permeables y como si de una lotería se tratara, se hizo posible el ascenso de clase. Tan sólo era suficiente con que uno sólo llegara a lo más alto, bastaba con darle publicidad y que llegara a oídos de todos. Un futuro de riquezas se prometía para el que trabajase sin descanso, sin alzar al voz, esperando la oportunidad deseada. Soñar con un mañana mejor mientras se intentan atajos en forma de un boleto de lotería o se gasta lo poco que se gana en imitar, burdamente, con sucedáneos, una vida privilegiada.
Hoy tal como ayer, aún existen los herejes, incrédulos del dogma impuesto. Para ellos caben dos opciones: romper el paradigma que dice que para ser feliz hemos de rodearnos de todo lo que nos ofrecen y en segundo lugar luchar. A esta última se la denominó lucha de clases hace unas décadas; hoy se conoce por terrorismo y está igual de mal vista por quien detenta el poder.
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