Escribir…
Recuperar el placer de la escritura manual. Dejar que las ideas se deslicen suavemente de la cabeza a la mente y desde ahí a la pluma sujeta levemente entre los dedos. Ver aparecer los negros trazos sobre el blanco papel. Reconocer nuestros viejos rasgos en cada letra repetida mil veces pero con un nuevo sentido en esta ocasión. Olvidarse de golpear hasta el dolor una penosas teclas de plástico y volver a la seda del papel y la tinta. Reconocer las ventajas de no poder copiar, pegar, editar y enviar y en su lugar guardar lo escrito en un cajón, sin más.
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