astuto bienhechor, cada deseo esperado fielmente garantiza heroicidades incumplidas, juntemos kantianos leales mientras negamos obstinados peligros que ritualmente santificarían tímidamente un vacío wagneriano, xenofobo y zalamero
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Johnson siempre pensó que su trabajo se basaba en el cambio, no en el progreso. No se consideraba mejor, pero sí nuevo y distinto.
a propósito de la muerte del arquitecto Philip Johnson (1906 – enero 2005)
¿Por qué me has traído aquí? Odio el centro de Londres. Parece un parque de atracciones. ¿Por qué este lugar? No aguanto lo retro. No me gusta el futuro. No se qué me queda entonces. (Closer – the movie – the memoria)
Gracias a las cláusulas condicionales, al “si” (“si me tocara la lotería”, “si Schubert hubiera vivido más tiempo”, “si se descubriera una vacuna contra el sida”), podemos, cuando nos place, negar, reconstruir, alterar el pasado, el presente y el futuro, cartografiar de otro modo los factores determinantes de la realidad pragmática, lograr que la existencia siga valiendo la pena. La esperanza es gramática. G. STEINER
Estar con quien se ama y pensar en otra cosa: es de esta manera que tengo los mejores pensamientos, que invento lo mejor y más adecuado para mi trabajo. Ocurre lo mismo con el texto: produce en mí el mejor placer si llega a hacerse escuchar indirectamente, si leyéndolo me siento llevado a levantar la cabeza a menudo, a escuchar otra cosa. No estoy necesariamente cautivado por el texto de placer; puede ser un acto sutil, complejo, sostenido, casi imprevisto: movimiento brusco de la cabeza como el de un pájaro que no oye nada de lo que escuchamos, que escucha lo que nosotros no oímos. El placer del texto (Roland Barthes)
La clave no está en el ser, sino en el movimiento cambiante del ser.
Reconocer la iniquidad
Custodiar lo incuestionable
Frágil despertar
Incierto malestar
Ración de lamentos
Ritual sacro, venturoso para los oprimidos
Supongamos que no me conoces. Hoy nos encontramos por primera vez. ¿Qué probabilidad hay de que nos deseemos de nuevo?
Argumentos que procuran demostrar la invariabilidad de las respuestas del hombre. El azar no existe. La casualidad es imposible. Dios juega a que juega a los dados e imagina, por un instante, que desconoce el resultado.
Leyendo dos páginas cada vez de siete libros cada noche
Reivindicamos que acorde a los tiempos, se garantice el acceso universal y la distribución masiva, de forma libre y gratuita de todos los contenidos culturales propiedad del estado en sus fondos, bibliotecas o almacenes de depósito legal.