Archivo por meses: Mayo 2004

Frases imprescindibles

A quien pretenda la excepción le propongo representar su propia vulgaridad. Lo banal como reflejo del vacío. Aplicándome la máxima no me queda otra opción que repetir hasta la extenuación frases como:

Hoy he dormido mis ocho horas reglamentarias, qué descansado me siento, me levanté despejado y ligeramente feliz

Ha sido un día de duro pero reconfortante trabajo. Mañana más.

He eliminado el pan de mi dieta. Los efectos comienzan a notarse en la báscula. Se acerca el verano y hay que cuidarse.

Estoy preocupado, mi coche hace un ruido extraño.

Ayer en la tele no daban mas que tonterías, ya nos quitan las ganas hasta de encenderla.

Necesidad de individualización

El pretender ser único e irrepetible se diría es una de las constantes de nuestra cultura. Es uno de los deseos que más se promueven y mas se repiten. Muchas de las terapias en sicología se basan en descubrirse único y valioso. Gran parte del consumo está enfocado al refuerzo de esta idea. El uso de determinadas marcas se basa en la necesidad de sentirse especial, de desmarcarse de los demás con el uso de lo exclusivo. La posesión de una cierta marca de coche parece que confiere mayor diferencia que la religión que se practique o la ideas políticas en las que se milite. En el fondo es el nivel económico que se ostenta y cómo lo evidenciamos lo que parece que conforma la personalidad. Es curioso que hoy en día cuando mayor es la diversidad de opiniones, de conductas y de creencias, mayor es la necesidad de diferenciarse activamente de los demás. Lo mas probable es que tal diversidad sea únicamente aparente y por ello se haga necesario mostrarla con la mayor superficialidad

Bienaventurados los pobres…

Cuando Dios aún vivía en la mente de los hombres, era fácil estar abajo. La promesa de una vida eterna mantenía la mansedumbre del rebaño. Desde el poder se insistía en la validez de una vida llena de penuria puesto que cuanto peor fuera nuestra existencia, cuanto más en silencio cargáramos con nuestras miserias, mayor sería la recompensa en el más allá. El designio divino colocaba a cada uno en su lugar. El gobernante lo era por la gracia de Dios y el pobre era un bienaventurado al que no le quedaba otro remedio que esperar a heredar la Tierra.

Pero un día Dios murió y con Él la promesa de la vida eterna. Lo único seguro eran los años vividos en el Tierra. La pobreza dejó de ser una garantía de recompensa. El sufrimiento dejó de agradar al Altísimo.

Mientras tanto, crecía una sociedad que se basaba fundamentalmente en las necesidades insatisfechas de una multitud de desheredados frente a un pequeño grupo de satisfechos. Millones de productores de lo que no podían consumir y unos pocos consumidores de lo que no producían.

Ante tal situación se hacía necesario estimular a las clases mas desfavorecidas. Ya que nadie creía en las bondades del mas allá era necesario ofrecer el paraíso aquí y ahora. Las capas sociales se hicieron permeables y como si de una lotería se tratara, se hizo posible el ascenso de clase. Tan sólo era suficiente con que uno sólo llegara a lo más alto, bastaba con darle publicidad y que llegara a oídos de todos. Un futuro de riquezas se prometía para el que trabajase sin descanso, sin alzar al voz, esperando la oportunidad deseada. Soñar con un mañana mejor mientras se intentan atajos en forma de un boleto de lotería o se gasta lo poco que se gana en imitar, burdamente, con sucedáneos, una vida privilegiada.

Hoy tal como ayer, aún existen los herejes, incrédulos del dogma impuesto. Para ellos caben dos opciones: romper el paradigma que dice que para ser feliz hemos de rodearnos de todo lo que nos ofrecen y en segundo lugar luchar. A esta última se la denominó lucha de clases hace unas décadas; hoy se conoce por terrorismo y está igual de mal vista por quien detenta el poder.

Boda a la vista

Parece ser que se avecina una desmesurada boda con la que bombardear infantiles mentes. Supone una excusa perfecta para prescindir de la imagen, que todo lo gobierna, durante un par de semanas. Digamos adiós a la odiosa televisión, evitemos la vista de la ubicua pareja, prescindamos temporalmente de los paseos por el centro de la ciudad para que la presencia de efímeras arquitecturas no deteriore más la confianza depositada en las autoridades que tan bien saben gastar el presupuesto común

Leer no me va a ayudar

Nunca termina nada de lo comenzado. Optimismo forzado al inicio de cada proyecto, depresión ante su inmediato y predecible abandono. Su analista le recomendó que leyera pequeños libros fáciles de digerir. Así, cuando llegara a la última página, su autoestima aumentaría por el intrascendente logro. Contestó que eso ya lo hacía con algunas series de televisión sin ningún resultado, que los créditos del final no le aportaban satisfacción alguna.

Tarde agradable

..todos comunican la certeza de estar pasando una tarde agradable, dedicada esencialmente a consumir, y por tanto a contribuir a la reafirmación de su ser… (Michel Houllebeck “Ampliación del campo de batalla”)

A propósito de un domingo primero de mes después de un sábado con comercios cerrados

Extraña pintada

En la estación de Sevres-Babylone vi una extraña pintada: “Dios quiso desigualdades, no injusticias”, decía la inscripción. Me pregunté quién sería esa persona tan bien informada de los designios de Dios. (Michel Houllebeck “Ampliación del campo de batalla”)